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Jueves, 01 Octubre 2015 00:00

Animales mayores

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Al igual que sucede con la especie humana, nuestros animales de compañía han experimentado un considerable aumento en su esperanza de vida. Esto es debido a los avances que se vienen realizando tanto en el campo médico como en el campo de la nutrición. Es un hecho común el tener mascotas que superan los 15 años, por lo que los veterinarios debemos saber actuar cada vez más en el campo de la geriatría veterinaria.

Todas las personas que tienen un animal en casa, o que pueden llegar a tenerlo, deben saber que ese animal no va a ser siempre joven y activo. Los animales envejecen y debemos saber apreciar este hecho y sus consecuencias. Es decir, al igual que ellos necesitan de nuestros cuidados cuando son cachorros, también los necesitarán cuando empiecen a ser ancianos.

Igual que sucede con los humanos, en los animales mayores se producen cambios fisiológicos, metabólicos y psicológicos, que hay que tener en cuenta para que se mantega una buena calidad de vida. Debido a estos cambios en el organismo, los animales geriátricos pueden desarrolllar enfermedades más o menos ligadas a la edad.

Las enfermedades bucodentales aparecen con más frecuencia en edades avanzadas (aunque no son exclusivas de estas edades). Es por ello que cuando los animales comienzan la edad madura, hay que vigilar dientes y encías; es recomendable lavarlos con productos que retardan el depósito de sarro y bacterias, para poder así evitar o atrasar la limpieza bucal por ultrasonidos. También existen piensos especializados destinados a retardar este depósito.

En la revisión del animal geriátrico debemos poner también especial atención en el aparato cardiovascular, ya que si detectamos de forma temprana una enfermedad cardíaca, podremos proporcionar a nuestra mascota una mayor calidad de vida.

Así mismo, el aparato urinario puede verse afectado a edades maduras. Es recomendable que se realicen chequeos sanguíneos anuales para los animales geriátricos, a fin de poder detectar anomalías renales, hepáticas, proteínicas, etc., y poder tratarlas lo más prematuramente posible.

Una enfermedad a la que hay que prestar especial atención es la disfunción cognitiva canina, la cual se presenta en consulta cada vez con mayor frecuencia. Esta enfermedad tiene algunas similitudes con la enfermedad de Alzheimer en humanos. Los signos clínicos se observan en el comportamiento del animal, y el veterinario ha de basarse en estos signos para poder diagnosticar un síndrome de disfunción cognitiva, descartando síntomas orgánicos de otras enfermedades.

Algunos de los signos que más alarman a los propietarios son desorientación, ansiedad por separación, alteraciones de los ciclos sueño-vigilia, o micción y o defecación inadecuada.

Una vez diagnosticada la enfermedad, existen tratamientos y procedimientos para mejorar los síntomas, aumentando la calidad de vida de la mascota.

Por último, debemos concienciarnos de que si bien tener una mascota geriátrica en casa requiere de cuidados específicos, nuestra animal mayor nos aportará su sabiduría y su sereno cariño.

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